XII

“Yo era feliz, pero no feliz de qué feliz soy, qué bonita es la vida, cómo cantan los pájaros y qué bien huele el campo. No, no, no y no. Estaba en un estado de ataraxia, imperturbable, mucho más allá de lo que es el bien y de lo que es el mal.

Mi cabeza era como una habitación blanca -vacía, sin muebles- que llamaba a la despreocupación y a la calma, a la reflexión y a la construcción de algo mejor. Algo mejor que el nuevo disco de Björk, mejor que la mierda de programación de Antena 3 y que las películas obscenas que daban en cierta cadena de televisión por las noches, en las que se veía hasta el menú del DVD que insertaban y que estaban perfectamente MAL dobladas -y que para colmo estaban repetidas-.

En fin, algo así como ver a Scarlett Johansson en Lost in Translation -verla a ELLA, repito-, comer helado de vainilla con cookies por el centro de la ciudad, comer cookies pero sin vainilla y sin helado en cualquier otro sitio, ver una buena película en un estado de coma inducido en el sillón -aquí viendo una película, no solamente a una rubia- o reventar las típicas burbujitas de plástico, que envuelven a las cosas que vienen metidas en cajas, sentado en una silla del salón.”

 

 

Entonces sí que estaba un peldaño por encima del mundo, no como ahora.

Mi nombre es Ángel

Julio 16, 2007

XI

“Siempre fui un chico listo, de ésos que saben poner cara de niño bueno cuando la ocasión lo requiere. Destacaba en los estudios, pero nunca fui uno de esos empollones repelentes, sino un chavalín espabilado, pícaro y, por qué no, un poco cabroncete.

Esto sólo me duró hasta los dieciséis años, cuando empecé a fumar y todo ese rollo. Fue entonces cuando me enamoré de mi vecino. De pequeños éramos bastante amigos, y él estaba gordo como una foca. Cuando mi mala fama nos distanció, el chiquillo adelgazó de mala manera, y fue entonces cuando me fijé en él -sí, soy de los que piensa que la belleza está en el exterior-. Nunca le dije nada, y así pasaron los años.

Ante el pasotismo que los hombres demostraron por mí, me di a la bebida, y después, a las mujeres. Ahora tengo 31 años y estoy liado con una cría de 18 que acaba de decirme que está embarazada. Si lo llego a saber, me declaro a mi vecino, que al final resultó ser gay.”

¡Maldita seas!

Julio 4, 2007

VI

Y por fin salió a la calle, después de una larga noche. Como siempre, paseaba con el pelo alborotado, pintada de cualquier manera y flotando sobre una nube de perfume caro -de imitación-. Como nunca, la veía con ganas de comerse el mundo y regocijándose con esos jodidos 100 euros ganados en el casino, con los que tanto dio la brasa a los conocidos. No hay quien la aguante, cuando la suerte le acompaña -un día en un millón-, y consigue olvidar durante un rato toda la desgracia de su vida.

[...]

¡Maldita seas, zorra! Te quiero ver sufrir, porque así me siento feliz, quiero verte llorar para engradecerme, para sentirme mejor. Quiero verte de rodillas, subordinada ante mí y pidiendo clemencia, diciendo que no me puedes pagar el puto alquiler ahora y que harías lo que fuera para compensarme. Menos mal que hoy ya estás muerta, ramera.